Búsqueda

—Señor, ¿por qué no me concede el samadhi? —Apreciado amigo, con gusto te concedería el divino contacto, pero no está en mis manos hacerlo —el santo me miró con los ojos entrecerrados—. Tu maestro te concederá esa experiencia pronto. Tu cuerpo no está todavía lo suficientemente preparado; así como una pequeña lámpara no puede resistir un voltaje excesivo, así tus nervios no están aún en condiciones de recibir la corriente cósmica. Si yo te diera el éxtasis infinito ahora, arderías como si de cada célula tuya brotaran llamas.

»Estás pidiéndome la iluminación a mí —continuó el yogui pensativamente—, mientras que yo me pregunto, en mi insignificancia, y con las pequeñas meditaciones que he realizado, si habré logrado agradar a Dios y qué mérito puedo encontrar ante sus ojos en el recuento final.

—Pero, señor, ¿no ha estado usted buscando a Dios con total dedicación durante largo tiempo?

—No he hecho mucho. Behari debe de haberte relatado algo sobre mi vida. Durante veinte años ocupé una gruta secreta, meditando a diario dieciocho horas. Luego me fui a una cueva inaccesible y estuve allí veinticinco años, permaneciendo en unión yoga durante veinte horas al día. No necesitaba dormir, porque estaba siempre con Dios. Mi cuerpo se encontraba más descansado en la completa calma de la supraconciencia de lo que pueda hallarse en la imperfecta paz del ordinario estado subconsciente.

»Los músculos se relajan durante el sueño, pero el corazón, los pulmones y el sistema circulatorio siguen en constante trabajo. Éstos no descansan. En el estado de supraconciencia, los órganos internos permanecen en un estado de suspensión, electrizados por la energía cósmica. Por este medio he encontrado innecesario dormir desde hace años. —Y luego añadió—: Tiempo llegará en que tú también harás caso omiso del sueño.

—¡Santo cielo! ¿Usted ha meditado durante tanto tiempo y todavía no está seguro del favor de Dios? —Le miré asombrado—. Entonces, ¿qué nos queda a nosotros, pobres mortales?

—¿Acaso no ves, mi querido muchacho, que Dios es la Eternidad misma? Pretender que uno puede conocerle plenamente por cuarenta y cinco años de meditación constituye una expectativa bastante absurda.

Paramahansa Yogananda, Autobiografía de un Yogui (1946)