Pena de Muerte

Sabido es que el comandante en jefe de un ejército es a la vez su máximo poder judicial, y que lo más doloroso de su función en este sentido es la confirmación de las penas de muerte. Por un lado, es deber inexcusable el de mantener la disciplina y sancionar con rigor la cobardía en el combate, por cuanto con ello se defiende el interés de la colectividad. Mas, por otro, ¡es tan duro extinguir una vida con la propia firma!

¿Que la muerte reclama cada día en la guerra cientos o miles de vidas y que cada soldado tiene que hallarse dispuesto a entregar la suya? Desde luego; pero es algo muy distinto caer con honor en el combate, prematuramente alcanzado por la incierta aunque no inesperada bala, de caer con vilipendio frente a las bocas de fuego de los fusiles antes fraternos.

Mariscal von Manstein, Victorias Frustradas (1955)