Cultura de la Sinceridad

En la República Popular China entra en funcionamiento la «cultura de la sinceridad», que se prevé estará totalmente desarrollada y a plena capacidad para 2020. El sistema se articula alrededor del llamado «crédito social», mediante el cual el Estado, utilizando la información sobre los ciudadanos obtenida a través de herramientas diversas —como el reconocimiento biométrico a partir de cámaras de seguridad (en el momento, hay instaladas 175 millones en el país)—, controla los archivos de pago de impuestos, compras en plataformas de venta online, licencias de tráfico, uso de redes sociales, etc. Utilizando técnicas de Big Data, el Estado chino creará una lista de personas físicas y jurídicas «no dignas de confianza» que serán penalizadas con castigos diversos, de un año de duración como mínimo. Se les prohibirá, por ejemplo, que soliciten un crédito, trabajen en determinadas entidades y ocupen determinados cargos, adquieran pasajes de avión, puedan cursar estudios en una determinada escuela o universidad o, incluso, que puedan residir en determinadas ciudades. La lista será actualizada cada mes. Transportar objetos prohibidos, comportarse de manera «problemática» (comportamientos diferentes a los debidos), no pagar impuestos o multas, utilizar documentación falsa, difundir falsas alarmas terroristas, fumar en lugares prohibidos… son conductas que supondrán la inclusión de los individuos en la lista. Únicamente serán promocionadas las personas que no estén incluidas. Además, el sistema contempla establecer incentivos para mejorar la clasificación, como participar en actividades organizadas por el Partido Comunista Chino y demostrar lealtad al Estado.

Santiago Niño-Becerra, Capitalismo 1679-2065 (2020)

Estado del Bienestar

Los años comprendidos entre 2002 y 2007 fueron los años de «el mundo va bien«. Los años en los que todo era posible, porque a cualquiera le estaba permitido acceder a los niveles de endeudamiento que fueran necesarios para cumplir su sueño. Evidentemente, en un contexto como ese no estar bien, no sentirse bien, no comportarse animadamente, no tenía cabida ni era aceptable.

Desde los años ochenta proliferaron medicamentos y sustancias orientadas a mejorar el rendimiento, a reducir el cansancio, a eliminar la ansiedad o a propiciar el descanso. Posiblemente, el más conocido sea el Prozac, de los laboratorios Eli Lilly and Company, comercializado a partir de 1987. Pero desde finales de los noventa comenzaron a generalizarse componentes químico-farmacéuticos cuyo objetivo era, simplemente, ayudar a sentirse bien.

En un mundo exitoso, en crecimiento, en el que todo era posible, ¿cómo iba alguien a no estar receptivo, a no sentirse bien? Incomprensible e inaceptable, y más aún si una batería de sustancias lo hacían posible y lo fomentaban: sentirse bien contribuía a hacer negocios, lo que generaba un aún mayor sentimiento de bienestar.

Santiago Niño-Becerra, Capitalismo 1679-2065 (2020)

Trinomio Social

La dinámica histórica hoy va contra la ciudadanía. Antes, aunque a costa de mucha sangre, el pueblo acababa sacando algo de sus revueltas contra la nobleza primero y contra la burguesía después; porque unos y otros necesitaban a esa ciudadanía. Pero ya no es así: el Poder cada vez precisa menos de la fuerza de trabajo que la población quiere vender. Y, encima, las revoluciones ya no están a la orden del día; eso es algo que la Generación Y, los millennials, han entendido muy bien, por eso no protestan nada, dicen que sí a todo, aunque luego procuran hacer lo que creen más conveniente.

Ahora queda el Trinomio Social: renta básica, marihuana legal y ocio casi gratis para asegurar la subsistencia de quienes no sean necesarios, para garantizar que esa población permanezca calmada, y para que no haya duda de que estará entretenida. Eso ya es el nuevo modelo, que en esta Tercera Fase se está poniendo claramente de manifiesto.

Santiago Niño-Becerra, Capitalismo 1679-2065 (2020)