No importa adónde parece que vayas, o de dónde vengas, todo sucede en tu consciencia. Y la consciencia no se mueve, es siempre idéntica.
Pero, aun así, hay cientos de miles de maneras para perdernos dentro de ella, para quedar atrapados por nuestra propia magia. Y una de las más fáciles es imaginar que lo que pensamos tiene alguna importancia.
Si todo lo que pensamos existe, parecería sensato que bastara con elegir nuestros pensamientos: pensar sólo cosas buenas. Pero esto significa caer de nuevo en la distinción. El hecho de elegir los pensamientos buenos supone descargar los males, y descartar algo es tenerlo en consideración, es decir, hacer que exista. El momento de la elección crea el momento de la negación, que sólo nos trae más y más problemas a medidas que avanzamos por este camino.
Tenemos posibilidad real de elegir. Y es ver que, tal y como somos, no podemos elegir nada porque nuestros pensamientos no son nuestros; nunca lo han sido. Simplemente son la realidad pensándose a sí misma. Cuando intentamos pensar en cosas buenas estamos creando una ilusión bondadosa, la más seductora de las ilusiones, porque nos sume en un sueno aún más profundo.
Y ésta es la historia de nuestras vidas. Nuestro pensamiento siempre nos separa de nosotros mismos, salta al futuro o al pasado. Incluso aquello que pensamos del pasado y el futuro se encuentra en el presente, pero estamos demasiado ocupados para verlo, porque seguimos corriendo tras cosas insignificantes, arrancando pedazos de realidad, porque somos demasiado avariciosos para conformarnos con el todo.
Peter Kingsley, Realidad (2004)


Debe estar conectado para enviar un comentario.