Para mí siempre ha sido motivo de consuelo y justificación para toda la vida que haya música en el mundo, que uno muchas veces se sienta impresionado por ciertos ritmos e inundado por armonías. ¡Oh, la música! Le nace a uno cierta melodía, la canta uno silenciosamente, en el interior solamente; toda la naturaleza individual se posesiona de la tonada y se deja uno llevar por ella por su fuerza y emotividad, y lo notable es que mientras se adueña de uno se olvida lo fortuito, lo banal y lo burdo, nos armoniza con el universo y nos da fuerzas y alas contra nuestra torpeza y depresiones. La melodía de una canción folklórica hace todo eso, y sobre todo nos armoniza sentimentalmente. Por cada armonía agradable, de notas bellamente combinadas, quizás en un solo acorde, nuestro espíritu se siente halagado y anhela seguir escuchando con deleite; hay momentos en la vida en que el corazón se siente lleno de gozo y regocijo que ningún otro placer sensual nos pueda dar.
Hermann Hesse, Gertrude (1910)




Debe estar conectado para enviar un comentario.