Alguien nos ha preguntado sobre si estamos seguros de defender lo jerárquico, inquiriéndonos, en tal sentido, si nos gusta soportar la bota que nos pisa o si toleramos la injusticia del rico o la prepotencia del poderoso. Y nosotros no tenemos por más que responderle que estos ejemplos nada tienen que ver con la jerarquía, sino con su inversión; esto es, con la antijerarquía y la tiranía. En la cúspide de todo normal ordenamiento social no debe hallarse el más rico, el más corrupto o el más tirano, sino el más justo. Y el más justo será aquel que aplique sus funciones y/o atributos gobernantes con la vara de medir de su sentido —o condición— Trascendente.
Eduard Alcántara, Reflexiones Contra la Modernidad (2013)


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