Kósmos

La palabra griega kósmos no admite una sola traducción, dado que se refiere a una presencia dual de orden y belleza. Cuando Pitágoras llamó kósmos al universo, lo hizo movido por el afán de describir la encarnación del orden, la belleza y la armonía de la naturaleza.

Que el mundo físico encarna ambos conceptos, el de belleza y el de armonía, puede demostrarse de muy diversas formas, pero nosotros precisamos de una prueba racional definitiva porque hemos olvidado nuestra conexión con la red interna de la vida. Cuando somos capaces de apreciar la exquisita magnificencia de un bosque, de una cadena montañosa o de una galaxia lejana con la mirada limpia, sin ceder a ninguna perturbación, la belleza y la armonía del universo de inmediato nos resultan obvias y las percibimos sin necesidad de disertaciones. Como escribió William Blake: «Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito».

David Fideler, Restaurar el alma del mundo (2023)

Asombro

Al principio, la ciencia y la filosofía eran lo mismo, y ambas estaban interconectadas con la religión, porque el deseo de entender el cosmos siempre ha sido un impulso espiritual. Einstein escribió lo siguiente: «Sostengo que un sentimiento cósmico de carácter religioso es el motivo más noble para emprender la investigación científica». El orden y la belleza de la naturaleza despiertan sorpresa, asombro y admiración. La sensación de asombro es el impulso, o la semilla, que comparten la religión, la filosofía y la ciencia. Con el tiempo pueden haber seguido caminos diferentes, pero la raíz de las tres se encuentra en la misma experiencia fundamental que define un aspecto esencial de la naturaleza humana. Al apreciar su origen común en el impulso cosmológico, salta a la vista la estrecha relación que hay entre la religión, la filosofía y la ciencia.

David Fideler, Restaurar el alma del mundo (2023)