Nuestra cultura se ha prendado tan ciegamente de la tecnología que permitimos que la ciencia, con fundamento en un malentendido, quede sobrerrepresentada en nuestra élite intelectual. Las consecuencias dañinas de este error se perciben con creciente intensidad en la cultura, en forma de un paradigma materialista que, aun siendo infundado, desintegra todo significado y esperanza de la vida humana. Es hora de que lo corrijamos. Es hora de que entendamos que la física, aunque valiosa y extremadamente importante, sólo modela los elementos del «juego»: hacia dónde disparar, qué muro evitar, etcétera. La verdadera naturaleza subyacente a la realidad —las operaciones internas del ordenador que ejecutan el juego— es una cuestión filosófica. Requiere métodos diferentes para ser valorada y entendida del modo apropiado. Pues mientras se permita a científicos como Stephen Hawking hacer absurdas declaraciones pseudofilosóficas sin que sean ignorados o ridiculizados con rotundidad por los principales medios de comunicación —exactamente de la misma manera, digamos, que un artista famoso sería ridiculizado o ignorado por hacer manifestaciones pseudofilosóficas—, nuestra cultura no logrará entender la naturaleza de la difícil situación que atravesamos.
Bernardo Kastrup, ¿Por qué el materialismo es un embuste? (2013)


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