Tradición

El mundo tradicional presupone una experiencia diferente del yo y del mundo, del espacio y del tiempo, experiencia que nada tenga de inverosímil o de fantasiosa pero que, bajo una forma degradada, se reencuentra aún hoy entre los primitivos: todos los estudios «científicos» son unánimes sobre este punto. Solo escapando al prejuicio según el cual sólo existiría una realidad y llegando a la comprensión de que la realidad difiere en función del sujeto que la percibe (lo que sin recurrir a experiencias metapsíquicas aparece claramente en la hipnosis o el consumo de alcohol o drogas) se puede llegar a comprender la lógica interna del mundo tradicional. Es un mundo en el que el hombre ve, siente y percibe con mucha más amplitud que tras seis siglos de atrofia racionalista.

En cuanto a los modernos, aun cuando todo esto sea difícilmente comprensible para ellos, les sería preciso concebir la idea de que al hombre tradicional se le revelaba la realidad de un orden de cosas mucho más vasto. En nuestros días no se conoce gran cosa de la realidad de lo que hay más allá de lo sensible; pero es siempre a título de hipótesis ya de una ley científica, ya de una ley especulativa o de un dogma religioso… Es este el verdadero materialismo del que se debe acusar a los modernos. En comparación los otros materialismos, en el sentido de opiniones científicas o filosóficas, son sólo fenómenos secundarios.

Adriano Romualdi, Julius Evola: el Hombre y la Obra (1968)