En la República Popular China entra en funcionamiento la «cultura de la sinceridad», que se prevé estará totalmente desarrollada y a plena capacidad para 2020. El sistema se articula alrededor del llamado «crédito social», mediante el cual el Estado, utilizando la información sobre los ciudadanos obtenida a través de herramientas diversas —como el reconocimiento biométrico a partir de cámaras de seguridad (en el momento, hay instaladas 175 millones en el país)—, controla los archivos de pago de impuestos, compras en plataformas de venta online, licencias de tráfico, uso de redes sociales, etc. Utilizando técnicas de Big Data, el Estado chino creará una lista de personas físicas y jurídicas «no dignas de confianza» que serán penalizadas con castigos diversos, de un año de duración como mínimo. Se les prohibirá, por ejemplo, que soliciten un crédito, trabajen en determinadas entidades y ocupen determinados cargos, adquieran pasajes de avión, puedan cursar estudios en una determinada escuela o universidad o, incluso, que puedan residir en determinadas ciudades. La lista será actualizada cada mes. Transportar objetos prohibidos, comportarse de manera «problemática» (comportamientos diferentes a los debidos), no pagar impuestos o multas, utilizar documentación falsa, difundir falsas alarmas terroristas, fumar en lugares prohibidos… son conductas que supondrán la inclusión de los individuos en la lista. Únicamente serán promocionadas las personas que no estén incluidas. Además, el sistema contempla establecer incentivos para mejorar la clasificación, como participar en actividades organizadas por el Partido Comunista Chino y demostrar lealtad al Estado.
Santiago Niño-Becerra, Capitalismo 1679-2065 (2020)


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