Perfección

La perfección humana y la perfección técnica son incompatibles. Si queremos la una debemos sacrificar la otra; en esta decisión comienza la bifurcación. Quien llegue a descubrirlo trabajará más limpiamente, de una manera u otra.

La perfección tiende hacia lo mesurable, y lo perfecto hacia lo inconmensurable. Por eso los mecanismos perfectos llevan a su alrededor el aura de un brillo turbador, pero también fascinante. Suscitan el temor, pero también el orgullo titánico que no quiebra la comprensión, sino solamente la catástrofe.

El temor, y también el entusiasmo que nos comunica la contemplación de mecanismos perfectos, es la contrapartida exacta de la sensación placentera que produce la contemplación de la obra de arte perfecta. Sentimos el ataque a nuestra integridad, a nuestro equilibrio.

Ernst Jünger, Abejas de Cristal (1957)