La banalización de la sexualidad es un desprecio hacia el verdadero sentido de los sentimientos. Yo la enmarcaría dentro de una concepción ligth de la vida, según la cual todo vale, cualquier comportamiento es bueno si a uno le parece bien. Sexualidad y amor deben ir de la mano: es el mejor modo de favorecer la maduración de la personalidad.
Una cuestión interesante al respecto es el pudor que sienten muchos adolescentes; pudor ante el cuerpo propio y el ajeno, que le enseña a descubrir y preservar la intimidad. Enseñarles la importancia del pudor, con naturalidad, es despertar el respeto por la persona y su misterio.
Hoy se está perdiendo esa parcela misteriosa y mágica de la sexualidad por la masiva difusión, en el cine y en especial en la televisión, de imágenes de sexo, pornografía y sus derivados. Contra ese carácter explícito, el pudor tiene una nota significativa esencial: no mostrar lo que debe permanecer escondido. La cultura actual se ha convertido en una civilización de las cosas y no de las personas. El resultado es que las personas se usan como si fueran cosas, degradándose así su trato.
Enrique Rojas, ¿Quién eres? (2001)


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