Buen Gusto

Que consideremos una obra de arte disfrutable o no puede ser en última instancia irrelevante en cuanto al efecto que esa obra tenga en nosotros. Una película puede afectarnos muy profundamente aun cuando nos haya resultado difícil de ver o no hayamos entendido del todo lo que el director pretende decirnos, si es que ha pretendido decir algo. Muchas personas han tenido una experiencia ante determinadas obras de arte que, aunque su ego pueda haberla rechazado en ciertos aspectos, ha persistido durante largo tiempo afectándolas sutilmente, lo quisieran o no. El factor crucial no es si la obra nos ha agradado o divertido, sino si hemos permitido que su fuerza interior penetrara el perímetro cerrado de nuestra existencia para expandir nuestro horizonte. La auténtica sensibilidad, el verdadero buen gusto, está en la capacidad de reconocer la presencia de esas fuerzas, de saber distinguir entre una reacción superficial y las profundas emociones que suscitan las fuerzas del arte.

J. F. Martel, Vindicación del Arte en la Era del Artificio (2015)