Muerte

Aprender a vivir no significa aprender a morir. Una vida lograda consiste más bien en olvidar la muerte, igual que uno olvida el azar o se «anticipa» a él. La muerte aparece como clinamen que amenaza con torcer la rectitud del alma. Es, exactamente igual que el azar, una mera exterioridad de la vida que a ella no le incumbe nada. Al igual que el átomo, la muerte es puntual, no se puede introducir en la vida. Mientras se vive, la muerte no se ha presentado, y cuando la muerte se presenta, uno ya no está ahí. La muerte es un punto, no puede trazar líneas del destino.

De la inadmisible soledad del acontecimiento se busca refugio en lo general en cuanto que lo común a todos. La ley de la caída no puede superar la soledad de la teja que cae del techo.

Byung-Chul Han, Caras de la Muerte (2015)