A fines de abril de 1939, voy a verles nuevamente a Lisboa […] Papá habla mucho conmigo de los problemas futuros de España y de Europa, que va claramente hacia la segunda guerra mundial. Yo le digo: «El general Franco es un hombre que indudablemente tiene enorme capacidad de mando, pero ha faltado a su palabra. Antes de que se tomara Madrid prometió no perseguir a nadie que no tuviera delitos de sangre y, por lo pronto, entre nuestros amigos, aparte de haber encarcelado a muchos y de juzgar y perseguir a otros, ha permitido que condenen a cadena perpetua a Julián Besteiro, viejo y con mala salud, que es un hombre bueno y que no ha hecho más que salvar vidas. Está en la cárcel de Carmona y su final no va a ser bueno. Por tanto, con un hombre que falta a su palabra, no podemos tener nosotros nada que ver».
[…]
La respuesta de mi padre fue casi literalmente así: «Lo más grave es que España, después de los años que van a venir, quedará, en gran parte, encanallada. Eso no quiere decir que los exiliados tengan ninguna razón, porque también la mayor parte de ellos, después de su actuación en la guerra civil, han quedado en peor situación inclusive. Por lo tanto, quedamos flotando, sin pertenecer a nadie».
Miguel Ortega, Ortega y Gasset, mi padre (1983)


Debe estar conectado para enviar un comentario.