Uno de los principales efectos de una democracia, según Tocqueville, es que la noción del honor, peculiar en las sociedades aristocráticas, queda completamente diluida. Como bien escribía Tocqueville “las diferencias y desigualdades de los hombres fueron el origen de la noción de honor; tal noción se debilita en proporción a la extinción de esas diferencias y, con ellas, desaparece”. En una aristocracia feudal, cada una de las clases elevadas tiene su propio sentido del honor, claramente definido por ellas. Porque esas clases se esfuerzan por conservar, exclusiva y hereditariamente, educación, riqueza y poder entre sus propios miembros y, al mismo tiempo, desarrollar nociones de honor más idealmente fijas entre ellos que en el caso de un país democrático que está en constante movimiento, y donde la sociedad, transformada a diario por su propio funcionamiento, cambia sus opiniones juntamente con sus deseos. En tal país, los hombres tienen fugaces destellos de las reglas del honor, pero raramente tienen tiempo de prestarles atención.
El resultado final de tal sistema de individualismo sin propósito es un gradual, pero seguro debilitamiento de su fuerza espiritual y su reducción a un Estado de universal estupidez:
Lo primero que llama la atención es una innumerable multitud de hombres, todos iguales, incesantemente ocupados en obtener los mezquinos y miserables placeres con los que sacian sus vidas.
El gobierno, entretanto, se preocupa obsesivamente por la mejora de las condiciones materiales de sus ciudadanos, con el resultado de que cada día el ejercicio del libre albedrío del hombre se vuelve menos útil y menos frecuente; circunscribe la voluntad a límites cada vez más estrechos y gradualmente le va quitando al hombre el goce de sí mismo… tal poder no destruye, pero minoriza la existencia; no tiraniza, pero comprime, enerva, restringe e idiotiza a un pueblo, hasta que cada nación es reducida a nada más que un rebaño de tímidos e industriosos animales, de los cuales el gobierno es el pastor.
Alexander Jacob, Nobilitas (2001)


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