Existencia Desapacible

Según Heidegger, la angustia surge cuando se derrumba el edificio de los modelos familiares y cotidianos de percepción y comportamiento, en el que habitualmente estamos instalados con toda obviedad. Ese derrumbe da paso a una “intemperie”. La angustia saca la existencia de su “esfera pública cotidiana”, de la “interpretación pública”. 4 En la cotidianidad se hace una interpretación conformista del mundo. La gente obedece a modos ya implantados de percibir y de juzgar, como si fueran obvios. Esta conducta conformista es encarnada por el “uno impersonal”, que nos dicta cómo debemos actuar, percibir, juzgar, sentir y pensar: “Gozamos y nos divertimos como se goza; leemos, vemos y juzgamos sobre literatura y arte como se ve y se juzga, pero también nos indignamos de aquello de lo que uno se indigna”.5 El “uno impersonal” aliena a la existencia de su posibilidad ontológica más propia: “En esta forma de compararse tranquilamente con todo entendiéndolo todo, la existencia cae en una alienación, en la cual le queda oculta su posibilidad ontológica más propia”.6 Esta posibilidad solo se le abre a la existencia con la angustia. Este es el argumento central de Ser y tiempo: para no caer en el “uno impersonal” hay que abrazar el sí mismo más propio, hay que hacer realidad la posibilidad ontológica más propia. Solo la angustia nos salva de la alienación. En ella, la existencia se recobra finalmente a sí misma. “La forma original de hacerse compañía a sí mismo es la existencia desapacible”.7

La angustia nos libera de la “existencia pública cotidiana del uno impersonal”, en la que uno se había habituado a vivir distrayéndose de sí mismo. Pero, en esa liberación, la angustia aísla a la existencia en sí misma.

Notas: Martin Heidegger, Ser y tiempo.

Byung Chul-Han, El Espíritu de la Esperanza (2024)