El primer prerrequisito para el éxito de una sinfonía es que cada instrumento esté bien fabricado y se encuentre en óptimas condiciones. Un solo instrumento defectuoso dará inmediatamente al traste con la coherencia de la sinfonía. En ese caso, para corregir nuestra orquesta debemos averiguar qué instrumento falla y repararlo. A este nivel, que podemos denominar «pensamiento de factor único», el reduccionismo funciona a la perfección.
El segundo prerrequisito es que todos los músicos cooperen y estén bien coordinados. Aunque cada instrumento esté en buenas condiciones y cada músico ejecute la pieza como es debido, la falta de coordinación arruinará la sinfonía. A este nivel, el pensamiento de factor único y el reduccionismo ya no sirven.
Es evidente que la medicina occidental se ha centrado en el primer prerrequisito para crear una bella sinfonía. El desafío actual de la medicina es avanzar hacia la capacidad de reparar la sinfonía cuando no se cumple el segundo prerrequisito, es decir, cuando la cooperación y la coordinación no funcionan como es debido. Esto supone un reto de segundo nivel, de gran importancia para el intelecto humano. Para los científicos, el análisis objetivo y cuantitativo de alto tan complejo como el sistema mente-cuerpo es una tarea complicadísima.
Changling Zhang, El campo vibratorio (2022)


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