Tiempo

La verdad es que el tiempo no es algo que se desarrolla uniformemente, y, por consiguiente, su representación geométrica por una línea recta, tal como la consideran habitualmente los matemáticos modernos, no da de él más que una idea enteramente falseada por exceso de simplificación; veremos más adelante que la tendencia a la simplificación abusiva es también uno de los caracteres del espíritu moderno, y que, por lo demás, acompaña inevitablemente a la tendencia a reducirlo todo a la cantidad. La verdadera representación del tiempo es la que proporciona la concepción tradicional de los ciclos, concepción que, bien entendido, es esencialmente la de un tiempo «cualificado»; por lo demás, desde que se trata de representación geométrica, ya sea realizada gráficamente o simplemente expresada por la terminología de la que se haga uso, es evidente que se trata de la aplicación del simbolismo espacial, y esto debe dar a pensar que se podrá encontrar en ella la indicación de una cierta correlación entre las determinaciones cualitativas del tiempo y las del espacio. Es lo que ocurre en efecto: para el espacio, estas determinaciones residen esencialmente en las direcciones; ahora bien, la representación cíclica establece precisamente una correspondencia entre las fases de un ciclo temporal y las direcciones del espacio; para convencerse de ello, basta considerar un ejemplo tomado entre los más simples y más inmediatamente accesibles, el del ciclo anual, que juega, como se sabe, un papel muy importante en el simbolismo tradicional, y en el cual las cuatro estaciones se ponen en correspondencia respectiva con los cuatro puntos cardinales.

René Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos (1945)

Rene Guenon