Humanidad absoluta

…lo esencial es haberse percatado de un modo exacto de que precisamente la seudorreligión de la Humanidad absoluta es el principio de un camino que conduce a un terror inhumano. Era ésta una conclusión nueva, mucho más profunda que las numerosas y grandilocuentes sentencias que De Maistre formulara sobre la revolución, la guerra y la sangre. Comparado con el español, cuya mirada había penetrado en los abismos de terror de 1848, De Maistre es todavía un aristócrata de la restauración del antiguo régimen, un prolongador y profundizador del siglo XVIII. Lo que Donoso tiene que decirnos es, en cuanto al estilo de su pensamiento y de las palabras decisivas y por el contenido de lo que nos comunica y la coacción de la coyuntura histórica, algo que difiere de la filosofía de los autores conservadores y tradicionalistas, que, por lo demás, es posible que hayan influido poderosamente en él. Son arrebatos que, cual relámpagos, saltan a menudo de una nube de retórica tradicional, completamente distinta. Aunque también es cierto que hay que familiarizarse con su lectura.

Sus arrebatos no deben calificarse de estilo aforístico. Sería equivocado pretender convertir su obra en antología de frases fuertes. La palabra decisiva, la frase sustancial, a menudo afloran de repente envueltas en largas y fatigosas disquisiciones, incluso discutibles desde el punto de vista teológico; pero no pueden componerse ni aislarse. Quien las oye, las reconoce como aviso de una realidad concreta y una verdad histórica. Hemos aprendido a comprender concretamente a Nietzsche, pese a la fosforescencia de sus impresiones; no como teoría ni sistema, sino como vida e ingente destino. Mucho más justificadamente aún podemos exigir que sean escuchadas las palabras decisivas de Donoso, palabras de su existencia y de la nuestra propia. Entonces comprendemos lo asombroso; el que un hombre, en el año 1848, vislumbrara todo el mar de sangre en el cual habían de desembocar aún por espacio de cien años todas las corrientes revolucionarias.

Carl Schmitt, Interpretación europea de Donoso Cortés (1950)

El ignorado Donoso Cortés

… hay que reconocer en Donoso a uno de los más grandes pensadores políticos del siglo XIX. Un hombre que en el año 1848 previó que la futura revolución socialista no estallaría en Londres, sino en San Petersburgo, y que ya en 1848 vio en la unión del socialismo con el eslavismo el acontecimiento realmente decisivo de la generación venidera, es un pensador político dotado de una rara facultad de vislumbrar, a través de construcciones combinadas, los móviles ideológicos de los hombres en sus postreras consecuencias políticas y que merece ser escuchado incluso cuando, con un estilo que hoy resulta trasnochado, se interna en el campo de la teología. Añádase a esto que, en la historia de la crítica del parlamentarismo moderno, él formuló con carácter definitivo todos los puntos de vista decisivos. Sobre todo, aprehendió en su más honda esencia los problemas de la discusión burguesa, al definir la burguesía como «clase discutidora» y oponer al intento de fundar un Estado sobre la discusión, con gran energía, la idea de decisión. Sigue siendo éste un gran acierto teórico y político. Por lo demás, su singular importancia estriba en haber advertido —en una época de relativizadora disolución de los conceptos y antagonismos políticos y en un ambiente de fraude ideológico— la noción central de toda gran política y en haberla mantenido firmemente a través de toda suerte de engañosas y falaces ofuscaciones, tratando de determinar más allá de los distingos propios de la política del día, la grande, histórica y fundamental distinción entre amigo y enemigo. Lo hizo totalmente a impulsos de su propia existencia de católico español, bajo la trágica impresión de una Europa que iba haciéndose capitalista, sin ninguna pasión de mandar ni crueldad personales, y sí, por el contrario, con toda la limpia humanidad de su idiosincrasia que, como hombre, nos lo hace tan amable.

Ese filósofo de una dictadura radical ha dicho de sí mismo que no tendría la dureza necesaria para ser dictador; testimonio éste que no habla en contra, sino a favor de su teoría, pues demuestra que sus ideas de lucha y decisión fueron fruto de la meditación sobre las cuestiones y la situación políticas, y no de la particular maldad de un espíritu misantrópico. En su carácter personal, Donoso acusa un rasgo liberal, en la mejor acepción de este término; incluso se muestra mejor y más esencialmente liberal que sus adversarios humanitariamente moralizadores. Y es que el plano propio que corresponde a todas las cualidades liberales viene a ser la esfera de lo individual y personal, no la de las ideas estatales ni políticas. Hora es ya de que se reconozca en toda su pureza y grandeza a este hombre extraordinario y simpático como figura importante de la historia del pensamiento europeo, y se dejen de enfocar exclusivamente los vicios y las insuficiencias de sus demostraciones, considerando, en su lugar, el raro fenómeno de una intuición política que se mueve entre horizontes seculares.

Carl Schmitt, El ignorado Donoso Cortés (1929)

*Pintura: Retrato de Donoso Cortés, por Germán Hernández (1874)